EL FONDO DE EDUCACION Y EXTENSION SINDICAL

 
Oscar Torres Rivera
Director Fondo de Educación y Extensión Sindical
1969- 1973

  En la segunda mitad de los años 60, se dictaron las normas que posibilitaron los cambios estructurales más importantes que ha tenido la estructura agraria del país, a través de la Ley de Sindicación Campesina (N° 16.627) y la de Reforma Agraria (N° 16.640), ambas en 1967.

La primera de ellas, además de las normas propias de la sindicación territorial (comunal- provincial y nacional) de los trabajadores agrícolas, contemplaba la creación de un “Fondo de Educación y Extensión Sindical” (FEES) y la de un Fondo de Financiamiento de los Sindicatos, Federaciones y Confederaciones de este sector laboral.

El FEES tenía por objetivos apoyar planes de fortalecimiento de estas organizaciones, programando o financiando actividades de promoción y desarrollo organizacional, de educación general (desde alfabetización hasta la educación superior), de formación y capacitación profesional (cursos y becas) y de extensión social y cultural.

Ambos Fondos, el de Educación y el de las Organizaciones de segundo (federaciones) y tercer grado (confederaciones), se financiaban con un aporte obligatorio que se descontaba de los salarios mensuales que se pagaban por los empleadores agrícolas a sus trabajadores. (2 % de cargo de ambas partes). El 2 % del trabajador se destinaba al sindicato al que estaba afiliado; si no lo estaba a ninguno de ellos, su aporte se destinaba al FEES. En el caso de los empleadores agrícolas, del 2% se destinaba la mitad al Fondo de Organizaciones y la otra mitad al FEES. Así se conformaban ambos Fondos. Los dineros eran recaudados a través del Banco del Estado y depositados en cuentas especiales de la Dirección del Trabajo, la que los entregaba a las Federaciones y Confederaciones y al FEES, según el origen de los recursos.

Así entre 1969 y 1973, período en que funcionó regularmente el sistema, se estima que se recaudaron y distribuyeron alrededor de siete millones de dólares (US $ 7.000.000). En casi cuatro años, el movimiento sindical campesino dispuso de estos recursos para su desarrollo: funcionamiento operativo, abogados, contadores, infraestructura (sedes, instalaciones de oficina, medios de movilización, etc) y para la capacitación sindical.

Por su parte el FEES, se organizó con una Oficina de Administración, dirigido por un Consejo formado con integrantes de los Organismos Públicos, de las Universidades y de las propias Confederaciones Nacionales de Trabajadores Agrícolas, que aprobaba sus planes y formulaba su política.

Una modalidad interesante, que reforzaba la participación y el rol protagónico de las organizaciones, es que las Confederaciones podían presentar programas de ejecución directa, que podía ocupar hasta el 50 % de los fondos de operaciones (90 %). Los gastos de administración general del Fondo estaban limitados al 10 %.

Con el 50 % destinado a los programas de ejecución del FEES, se celebraron convenios con el Ministerio de Educación (MINEDUC) para alfabetización rural, especialmente en las zonas mas apartadas; con INACAP (en manos del Estado que lo había creado a través de la Corfo- Sercotec ), para la formación y capacitación ocupacional: fruticultura, maquinaria agrícola, ganadería); con el Centro de Estudios Agrarios (CEA) de la Universidad Católica para la formación superior de Dirigentes Campesinos; con la CUT y la UTE (Universidad Técnica del Estado), para el desarrollo cultural a través del teatro, etc.

Todo este esfuerzo colectivo, permitió la conformación de un movimiento sindical campesino y pujante, que hacia 1973, logró aglutinar a mas de 300.000 trabajadores rurales, que se fortaleció regional y nacionalmente, con la distribución equitativa de los recursos (distribuidos proporcionalmente por el número de afiliados), que de las propias reivindicaciones laborales fue pasando a las reivindicaciones por la tierra, haciendo posible en conjunto con otras organizaciones del campo, el avance y la implantación del proceso de Reforma Agraria.

Visto desde los intereses de los trabajadores de la tierra y de la agricultura familiar campesina, el balance ha sido evaluado como muy positivo, y en estos años de lucha por la democracia, los derechos humanos y la justicia social, reiteradamente añorado por los dirigentes y protagonistas de la época, que resienten la ausencia de este sistema de desarrollo organizacional y capacitación.

Se suele decir que esta experiencia de los años 60, era irrepetible en los 90 y mas aún en los 2.000, cuando se piensa en la implantación de la Contrareforma Agraria a partir de 1973 y en la economía de mercado, controlada por las multinacionales y las grandes empresas agro- comerciales, con la subordinación que esto implica para todos los productores agrícolas, sean grandes, medianos o chicos.

Sin embargo, asumiendo los cambios negativos que para el Trabajo, los trabajadores agrícolas y campesinos ha tenido la situación actual, aquello no significa renunciar a los cambios que los tiempos actuales demandan. Todavía mas esto nos impone desafíos éticos y políticos por cambiar el sistema político y económico, que la actual Globalización, como expresión avanzada del capitalismo del Siglo XXI nos impone.

El desafío que está puesto por delante, es formular en las condiciones actuales, un Sistema de Educación y Capacitación Rural que conjuntamente con un Fondo de Desarrollo Organizacional, asuma las tareas de la hora presente. Para esto deben aprovecharse las potencialidades y recursos del Estado- de los Ministerios de Educación, Agricultura, Trabajo y Cultura y las de las propias organizaciones campesinas y rurales que luchan por su sobrevivencia, y en algunos casos por su desarrollo, a lo largo de Chile.

Esperamos que las inquietudes y esperanzas que existen no se vean frustradas, cuando Chile se acerca al Bicentenario de Independencia.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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